Cogerme con las manos, con suma delicadeza y lentitud, extrema precaución, milímetro a milímetro, sin diferencia alguna a cómo cogería a un pájaro caído del nido en medio del bosque, así siento en mi fuero mas interno que habría de tratar a mi exhausta cabeza para que salga de su propio barro, desde cero, con mucha atención, conciencia y si puede ser cariño, como a un enfermo que ha de empezar con el máximo tiento su recuperación.
Que losa es uno mismo para sí mismo, aunque a la vez sea su única posibilidad. Siento físicamente como si mi cabeza estuviera hundida en cemento, aplastándome el pensamiento y la capacidad. Me falta tiempo de vida ya, esa mermante sensación tengo ya (aunque no la quiera hacer más real por reconocerlo así que me lo negaré a mi misma el tiempo que pueda), y pierdo muchísimo en no poder hacer casi nada buena parte de los días, las mañanas sobre todo, de las que demasiadas veces me cuesta salir como si fueran cemento o arenas movedizas.
¿Qué podría hacer para cambiar? Buena parte de mi vida se resume en esa maldita pregunta, en el impulso de querer cambiar, casi nunca aunando fuerza y lucidez, o me falta una o me falta la otra o me faltan las dos. Escribir, aunque sea tipo bitácora (para mí y a mano habría de volver a ser) para encontrar la forma; para y porque me dará más conciencia de que soy real, de que mi vida es tan real como las demás y mi identidad también. Creo que es una de las cosas que más me fallan, no sentirme real ni por tanto sentir mis posibilidades reales, y por eso en el fondo doy los pasos sin la ayuda determinante de la convicción.
Otra vez: voy a conseguir cambiar.
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